martes, 12 de marzo de 2013
la libretista
Al comentar la conversación con su compañero de entonces, Pedro Miguel Rozo, este le contó que un conocido hipotecó la casa para irse a probar suerte a España, con todos los inconvenientes que tiene dejar a la familia y desarraigarse. “Juntamos las dos anécdotas y nos dimos cuenta de que teníamos el principio de una historia” que aunque tiene apartes muy bonitos, es desgarradora. “Es que el desarraigo es así. Los que hemos salido de nuestra casa a vivir a otro lugar estamos llenos de nostalgia de la tierra, de la familia, de la comida, de los lugares y personas con las que vivimos momentos inolvidables”.
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