Desde el mismo momento en que se fundó el Festival de Gaitas de Ovejas en octubre 4 de 1985, la gaita ha vuelto a surgir con legítimo derecho, en la construcción de nación. Es ya algo aprobado en la praxis por la propia vocación gaitera del pueblo. Pero esto mismo es ya, a su vez, harina de otro costal. Es decir, otra historia.
Algo que tendrán que escribir otras personas que amen lo esencial de esta cultura raizal para la preservación de lo nuestro y lo propio de un país que se debate todavía en la dicotomía de sus identidades nacionales, a pesar de su ingreso al Siglo XXI
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